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domingo, 10 de julio de 2016

DESDE LAS PROFUNDIDADES DE UN SUEÑO

Aquello que un día se te presenta y no sabes lo que es y sin embargo no tienes miedo.
Aquello que un día has vivido pero que ahora queda muy lejos.
Lo que tiene un nombre que tú no has puesto.
Lo que parece que es pero no es.
Y una mañana fría sin trabajo regresas a ese absurdo.
Y entonces te acompaña la nada con sus neuras y relojes.
Y entonces te acompaña la fábrica de seres que viven impresos en tu lugar.
Hasta que nada acaba porque nada tiene término ni fin.
Hasta que todo es humo de colores y magia vieja.

Hasta aquí lo que puedo decir,
más adelante aquello que queda y que no ha sido siempre
por las fronteras del dolor,
por las costuras de la saturación de los medios en su amalgama
y por el rostro del viejo ceniciento que seremos un día
y por los candelabros sin velas que tampoco nos asustaron
y así hasta llegar,
hasta llegar sin término,
pero así hasta llegar.

Hoy clamo a la frondosa espesura de mi alma que abra mil bocas
para que los batientes sonidos refunfuñen y enfaden
hasta que parezca que pueden hacernos perecer
cuando tan sólo nos adormecen,
así quiero cantar ahora el brillo de mi alma.

Un poema con el que soñé
detrás del sueño del sol negro
en la apariencia y sortilegio de regresar
pero allá donde no había medida
y sólo había un sueño,
un sueño que me decía que iba a escribir,
que iba a escribir este poema,
cómo si no pudiera desde nunca haberse evitado,
un poema maldito
y un poema enviado
desde las profundidades de un sueño
que habría de decir por mi.

Ahora lo explico todo porque nada se queda sin explicar,
incluso lo que no explica explica en la nada y en su arrebato
porque en todo hay una ciencia
y es una ciencia que desconocemos
y al final, porque somos así,
de otra manera no podemos ser.

Basta a la mañana su voz,
basta al día su paso,
basta a la noche su cansancio,
basta a la guerra su sangre
y basta al miedo sus plumas
y todo se basta porque en sí todo existe,
tan sólo al despertar
y lo demás es sueño y tráfico.

Perdono lo que ha sido de mi,
aquello a lo que nunca he llegado.
Hoy perdono mi propia mediocridad
y mi propio abandono
porque soy una máscara y un cariz
y un tomo de los libros que entrego
para ser escuchado por otro que soy yo mismo
detrás de la cortina o de los velos del tiempo
por otro que ya no soy.
y que me vela ahora.

Todo lo que pasa es sagrado,
todo tiene su tiempo y su substentación
y todo lo que queda en el olvido es paso y sierpe,
malvas y número,
cementerio y cadena,
así hasta el día de la explosión del mundo
en el que contemplemos la negra faz
de aquello en que nos hemos convertido,
ya sin remedio.

Pero toma mi mano
y camina conmigo el trecho que te falta
hasta llegar a lo abstruso o a lo insulso
y luego descansar
por el despeñadero
de nuestra vida ahíta y nuestros colchones manchados de vino,
de allí donde se sienta humedad.

Entorna los sentidos
para hacer un camino y un océano
y un musgo tibio de nuestra carne
y una rueda de excesos.