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domingo, 28 de febrero de 2016

LA PUERTA VERDE (NOVELA)

"La sabiduría es un hospital para malos poetas"

                                             Friedrich Nietzsche

 LA PUERTA VERDE


La puerta está pintada de verde y es estrecha, es difícil mirarla mucho tiempo, hace daño a los ojos. Detrás de esa puerta hay un elenco de mujeres que viven así, sin más, detrás de esa puerta y de la que nadie sabe nada. Es indudable que no había llegado allí por casualidad sino llevado por otro tiempo, por otro tiempo anterior en el que esa puerta verde no existía.
Me he mirado en el espejo y me he encontrado muy normal, me puedo equivocar pero no pasa nada. Soy sencillamente una persona normal en una ciudad normal o lo era hasta que veo esa puerta verde que daña la vista y lo que ella esconde.
Me trae recuerdos de otras épocas, es toda la calle ahora la que me trae recuerdos de otras épocas y toda la calle parece distinta.
Allí estaba una vieja chocolatería en la que yo tomaba cerveza con patatas fritas en medio del gran olor a chocolate caliente y no me importaba, era entrañable su acogida y calor. Era otro tiempo ya.
Pero estoy extrañado, nunca volví a aquella chocolatería y era absurdo no haberlo hecho, pero no pasa nada. Sin embargo la puerta verde en un día de junio se debió abrir pero lo que sucedió está muy confuso en tu mente, había habitaciones habitadas por rameras. Las rameras iban muy mal vestidas y no comían lo suficiente y en su mayor parte estaban enfermas y hacinadas, no lo recuerdo exactamente pero fue un día de junio y hacía calor y la puerta se abrió.
Yo, ebrio.
Recuerdo que pagué algún dinero por estar allí, me dieron algo de beber, algo que era dulce, quizás un vino. Luego recuerdo que lo pasé bien, no entendía lo que hablaban ni de qué. Había unas piscinas abiertas y cubiertas y en las que venían forasteros y gente de los pueblos antes de las verbenas y de las fiestas del patrón que no era otro que San Pedro. Nadie me quiso decir su nombre entre ellas se llamaban por números de tres cifras, luego la bañera estaba caliente y tomé un baño. Tomé un baño después, algo me agotó. Algo que era perfecto y estaba de acuerdo conmigo. No supe bien lo que sucedió cuando ya era de noche, se oía a alguien nadar en las piscinas cubiertas auún y el calor no había remitido.
Era un prostíbulo.
Yo también era cómo los otros, tal vez un poco más sincero pero sólo veía aquello que quería ver, había pasado por un calvario y cierto odio y cierto rencor no lo podía evitar sin darme cuenta de que yo era culpable en parte de mi situación.
Dentro de lo que era el mundo de la sordidez la crisis golpeaba a España en el año 2012 cuando mi casa se convirtió en un basurero, el problema fundamental era una desidia de la que nadie era capaz de apercibirme en privado, poco dinero para gastar y mucho tiempo libre y callejear ganándome la vida cómo podía.
Unos buenos amigos que me apreciaban mucho venían a mi casa para adivinar las cosas y jugaban a saber más que yo, teniendo su número de teléfono nunca les llamaba pero no me sorprendía que se presentaran en mi casa a veces cómo enemigos en una forma de impostura para aportar la nueva verdad que no sabía nadie, en el fondo una bobada que era una pena que fuera utilizada y se podía llamar a todo ello una plataforma de luz sobre los puntos de vista, amigos madrastra hasta donde alcanzaba la vista que sólo llegaba a las paredes de una casa, una estrategia que no importaba a nadie para ser más íntimo viviendo en el fondo cómo un solitario.
Manejando ciertas triquiñuelas para poder vivir a veces caían sesenta euros que no me habrían dado en otro tiempo ningún problema pero que ahora se dedicaban apara cruzar la puerta verde y entrar en un prostíbulo cuya luz era la oscuridad y desde el que se podía pontificar.
Me sorprende ahora hablar de estas cosas sin un grupo de gente, es humano también en un momento determinado y hasta ahora he estado contenido pero me imagino que mi vida ha sido boicotear una venganza contra mi mismo.
Creo que hice presentaciones de un diseño de algo en aquella época, me ofrecieron muchas cosas y rechacé unas cuantas y a mi manera crecí en un ambiente tecnológico desde el que pensar que fue todo cómo unos zapatos hechos a mi gusto, un alto en medio de una colección de gente.
Mientras todo pasaba yo pensaba que me iba a quedar en mi casa a vivir toda la vida, sin embargo aunque eso fuera maravilloso tampoco sabía lo que era trabajar seis horas ni ocho, una especie de sadismo, sin embargo aunque trabajaba poco yo era un excelente trabajador, responsable y tenía un trabajo que ya me duraba bastante tiempo y sin ser a costa de quién fuera, me hacía una reflexión sobre el dinero que podía ganar y no me compensaba vivir así mucho tiempo pero tampoco quería pensar en ello, más o menos tenía retribuciones más pequeñas pero ganancias más cuantiosas, no estoy hablando de otra manera distinta a la que me expreso.
Cuidaba de una amiga que llamábamos todos "la disecada" y que era granadina y le gustaba el paso doble español, era enfermera y muy graciosa pero parecía estar muerta.
Estoy preguntándome si no sería por su aspecto de tiesa y de asustada que la llamáramos "la disecada", vivía en el monte y compraba en los chinos y tenía una hermana que se llamaba Valentina.
Salíamos juntos por ahí y ella era una mujer encantadora, a veces me cortaba el pelo.
En una última llamada creí encontrar un museo de sensaciones que me dejaron de capa caída, era sin duda una conversación-santuario de gran aprovechamiento para mi, porque era un exposición itinerante y una venda en los ojos, desde aquel día nos hicimos más amigos.
--Luego nos vemos--dije al colgar el teléfono.
Y no volvía a verla nunca más, miento: tardé en verla tres meses y quedamos en una tienda para hacer compras pero ella ya había cambiado, ella me dijo que la tienda en realidad no era una tienda, se había comprado unos zapatos horrorosos:
--Me los pondré esta noche--dijo
Y nunca supe lo que hizo ni con quién había quedado, supuse que había quedado con una persona que le encantaban los zapatos de mujer y quería darle un disgusto.
Un día en una revista me pareció encontrarla pero no era ella sino una modelo que se le parecía, la secuencia de aquel recuerdo está confusa y fue publicado en algún blog antes de pasar por los días en los que no tuve ganas de nada, fueron pocos.
Me encontré un día a su hermana Valentina, estaba más loca que ella. Tomamos un café, me enseño su reloj nuevo, decía que daba campanadas y luego me habló de la relación con sus hijos que eran pequeños.
Cómo se hacía tarde nos comimos un pastel y me puse a sus disposición y por eso nunca más volví a verla, creo que pasó mucho tiempo en Londres y que presenció cosas de las que luego no comentaba nada por teléfono por si la estuvieran escuchando.
Me acuerdo de ella cada vez que tengo ganas de merendar.
No podría describir en qué lugar horrendo se convirtió mi casa, la suciedad estaba por todas partes y aquí y allá se hacinaban bolsas de basuras mientras los ceniceros estaban siempre llenos y colmados, nadie los vaciaba. Las botellas puestas en pie por los pasillos e incluso por el cuarto de baño y aquí y allá papeles y basura y polvo. Vivía acompañado de esa suciedad y vivía cómo un insecto, buscaba algún lugar aún limpio de la casa para echarme a dormir con la ropa puesta las cuatro o cinco horas que podía descansar mientras escuchaba las noticias de la radio y los programas nocturnos hora tras hora. Cubrí de garabatos miles de folios con ideas extrañas sobre el inicio de la crisis y sus causas y con idea de publicarlas o llevarlas a un periódico a veces volcaba algo de esas ideas en mis blogs, me había creado más de sesenta blogs con los que pretendía cambiar la faz del mundo y entrando en escena me sentía elegido para una misión: el despertar de la conciencia humana.
A veces pasaban de tres a cinco días antes de que me duchara y la bañera se atascó con los posos del café que no tragaba el fregadero ya, estragado de tanta suciedad cómo estaba por lo que muchas veces tenía que tirar los vasos y los platos a la basura directamente llegando por un tiempo a comer sólo bocadillos para no fregar mientras consumía baratas latas de cerveza.
Jamás he tenido tanta lucidez ni he estado tan activo mentalmente cómo en aquellos días de fase maníaca, mis escritos eran rotundos y brillantes y muy contundentes y mi verbo era florido y expresador, casi divino y engalanado de certezas y cátedras.
La ropa sin lavar esparcida por los sillones y sillas de toda la casa, a veces me cubría con ella en invierno para poder dormir, pero dormía poco y la noche era aprovechada por mi al máximo no llegando a acostarme hasta las tres y las cuatro de la mañana, mi momento más creativo literariamente.
Muchas veces llamé a la radio con mis ideas y visiones y con todos los datos que presentaba mi intelecto en sus extrañas investigaciones e inventivas. Descubrí una nueva realidad conforme iba avanzando hacia una nueva dimensión.
Me encontraba sobre todo muy animado, sabía que todo lo que estaba escribiendo tenía un sentido. En mis más de sesenta blogs por internet iba colando todas y cada una de las frases que habrían de cambiar el sistema y no sé por qué pero lo hacía así. Una noche, casi a medianoche, escribí una entrada genial en uno de mis blogs, decorada con la figura de la gallina Caponata. El resultado era realmente aterrador. Leer aquel texto y ver aquella figura, nada tenía sentido. Después de escribir el texto que era muy rico y poético me di cuenta de que no tenía en absoluto ningún sentido todo lo que había escrito y para colmo de males iba todo ello disfrazado de mensaje para salvar a la humanidad de la crisis que se acercaba. Me acosté aquella noche y dormí bien, con la satisfacción del deber cumplido...¿Pero qué había hecho? Tan sólo esparcir mis palabras en el viento, sin embargo el momento creativo era genial. Meses más tarde en aquel mismo lugar me tiraron un paquete de cigarrillos por la ventanilla de un coche...¿Quién lo hizo? Realmente no lo sé, pero tampoco tenía ningún sentido.

Estaba seguro de algo: que mi misión en el mundo era la de ser un escritor. Un escritor genial, alguien de muy elevados sentimientos, emociones y perspicacia...¿Por qué me sentía movido hacia ese mundo que no podía ser más que el literario? No lo sé. Tampoco le encuentro una explicación mayor o verosímil. Era sencillamente una emoción, una emoción muy pura....¡Quería ser el escritor de la humanidad, el escritor del nuevo siglo pero me estaba muriendo de hambre! Sin embargo comer muy poco me hacía ser mejor creador e inventar sucesos increíbles y pensar sobre asuntos que no tenía el menor significado para nadie pero que yo magnificaba. Aquello me hacía sentirme bien, me hacía sentirme mejor.

En aquel bar con conexión a internet y ordenadores que abría hasta tarde y estaba cerca de mi casa había siempre cervezas de importación, muchas veces me tomaba alguna pero me recuerdo allí siempre solo. Era un bar pegado a una carretera pero con un poco de patio para estirar las piernas, el espacio para la intimidad era muy exiguo y eso me gustaba, me recordaba a mi casa.

En la misma calle estaba el centro de salud mental al que yo acudía pero llevaba tiempo sin visitar, me resultaba curioso. Podía estar tomando una cerveza en el patio y alcanzar a ver con la vista el centro de salud mental...y entonces pensaba...¿Soy un enfermo mental o sencillamente soy alguien demasiado inteligente que se ha pasado de vueltas?

Me hacía gracia cómo en el futuro todo lo que escribiera no fuera más que el resultado de una mente enferma, me daba cuenta de lo fácil que era para los egos encopados menoscabar mi trabajo.

Muchas veces salía al calle después de haber estado en casa demasiado tiempo solo y lo que quería era volver, volver a mi lugar seguro, comprarme un par de latas de cervezas y regresar a casa....pero tenía que escribir los artículos que habrían de salvar a la humanidad. Recuerdo esa etapa con cariño, cuando nada tenía sentido pero yo se lo daba y me hacía sentirme grande e importante: el mesías de la humanidad cansada.

Algo en mi se hizo más fuerte. Una comprensión de la vida y del universo que luego fui destruyendo poco a poco. En un principio la idea de karma con una serie de recompensas y castigos tenía mucho sentido para mi, después no lo tuvo tanto. Pero al inicio de mi vida creativa creía en el karma duro, o en los castigos que sufrían en vida por sus malas acciones todas las personas que lo merecieran. De esa manera si habías sido una persona mala y cruel en una vida anterior, venías a esta vida con una horrible enfermedad para pagar tu  karma. Del mismo modo, todo el sufriemiento sobre el planeta Tierra, la gente que moría lapidada o en guerras o de hambre, se debían a sus malas acciones de vidas pasadas. Si te portabas bien no tenías nada que temer y reencarnarías en una vida mejor. Pero también el karma por tus malas acciones de otras vidas lo irías pagando en ésta, aunque te portaras bien. Así que era evidente que podías tener una vida de sufrimiento aunque fueras buena persona tan sólo por haber obrado mal en vidas anteriores y si te portabas bien en esta vida, si aceptabas el sufrimiento, reencarnarías en una vida mejor.

En las soberbias instalaciones donde estábamos sometidos nos acaparaban con términos semánticos de dos a dos, pero eso fue en otra vida y ahora quería olvidarlo, quería olvidarlo todo.
Yo sabía de la existencia de  OVNIS sobre nuestras cabezas y de injertos en la piel pero eso no era todo, porque cómo yo empezara a ver más allá nunca luego podía parar y eso me angustiaba pero luego, al principio no.
Estar. Sólo estar.
En eso consistía todo. Estar en el mundo y nada más.
Estar en el mundo y dejar que Dios jugara contigo.
Estar en el mundo y dejar que Dios te diera la pauta.
Sólo eso ( antes de la tercera guerra mundial)
Y fumar ( porros)



De repente toda esta idea se destruyó y nació en mi otra idea diametralmente opuesta: todo se debe al azar. Nacemos y morimos infinitamente pero no hay premio ni castigo, el mundo es una rueda cósmica, el universo es un gigantesco engranaje cósmico y todos aquí nacemos y morimos infinitas vidas...de esa manera es probable que en alguna vida seamos ricos y guapos y en otras vida pobres y feos, o que tengamos mucha salud en unas vidas y en otras terribles enfermedades...Todo ello era lógico: pues al tener infinitas vidas por cálculo de probabilidades tendríamos que pasar por infinitas experiencias que es lo mismo que decir que tendríamos que pasar por todo tipo de experiencias.

Pero todo se debía al azar.

Los días pasaban y todo era seguir cierto ritmo, no había mal humor y si ilusión, ilusión por ser de otra manera, ilusión por cambiar. Te ibas a encontrar con el que eras de verdad y así te sentías bien. Luego todo fue un espejismo y llegó el mal humor y la sensación de fracaso y sobre todo la sensación de futilidad por vivir en un mundo inane. Todo eso llegó después pero primero fueron los días y los años de la ilusión, cuando era yo un gran escritor y me gustaba escribir y me gustaba cómo escribía y sobre todo tenía un mensaje y mi mensaje tenía un contenido. Luego llegó el tiempo en el que nada tenía sentido, el arte no tenía sentido y el mundo no tenía sentido y todo se debía al más puro azar y había odio y rencor por ser el que era y por haberme convertido en el que era y realmente no me gustaba nada la persona que era y por eso no hacía nada y todo ello se volvía muy destructor.

Todo ese tiempo llegó después y cuando llegó los días en el sentido me parecieron más vacíos que nunca.

Posiblemente fuera un martes o un día de diario muy cerca del lunes cuando una noche me adentré por la puerta verde, habían habilitado una barra de bar entre cuatro colchones y servían chupitos. Yo hablaba. Yo contaba la vez que estuve en Madrid y me desmayé, me encontraba con mi amigo Arturo y mi amiga Reyes pasando la noche en Madrid y en medio de una discoteca sobre las dos de la madrugada perdí el sentido. Me reanimaron con unos perfumes o algo muy fuerte que olí y me echaron sobre una balda. Entonces habían pasado dos horas y ahora había una fiesta privada. Mi amigo Arturo me había dejado un mensaje dentro de un sobre: era la dirección de su casa porque él ya se había ido, vivía junto a la puerta de metro Arantzana. En la fiesta privada se podía fumar, era un instituto de chicas y todas estaban fumando, cómo en los años 90. Pedí un cigarrillo y cuando me lo dieron salí por la puerta. No sé cómo me encontré con mi amiga Reyes y nos fuimos a casa de Arturo. Nos perdimos por Madrid y no encontramos su casa. En ese momento yo estaba decidido a dejar de beber. Todo ésto lo contaba mientras seguía bebiendo. Pensaba precisamente en eso, en el tiempo en el que estuve sin beber después de mi desmayo, más de tres meses y recordando entonces los tres años que me pasé sin beber una vez. Entonces el mundo volvió a parecerme insulso y falto de sentido, no encontraba placer en las cosas. Lo hacía sólo por salud. Tenía un informe del psiquiatra, decía sonrisa maliciosa y mirada perdida. Fue cuando dejé de beber por segunda vez en mi existencia. No recordaba nada de ello. Lo contaba mientras bebía chupitos entre colchones, a ninguna de las prostitutas parecía importarle lo más mínimo y alguna ponía cara de preocupación, pero sólo porque el relato estaba siendo muy largo.

En aquel momento pensé si le importaba a alguien realmente, seguía viviendo solo. Concluí que me importaba a mi mismo. Sin embargo no dejaba de beber. Por la noche todo era más bonito así, una experiencia estética. Me gustaba el arte también, porque el arte es un sueño dentro de un sueño.

Tenía entonces dos amigos: mi amigo el loco y mi amigo el triste. No se sabía cuál de los dos estaba peor. Me acompañaban a beber cervezas de importación de las denominadas Strong Ale. Había pocos bares en la ciudad que las tuvieran y teníamos que andar mucho, por lo demás eran bastante caras pero muy sabrosas. De alguna manera todo el tiempo en su compañía era cómo estar metido en un extraño hechizo, sus comportamientos y sus ideas de la realidad que les rodeaban eran inequívocamente fantasiosas y fantasmagóricas, deambular por la ciudad con semejantes elementos era un riesgo porque no se sabían comportar y siempre daban la nota. El más depresivo siempre hacía comentarios inoportunos y negativos de todo y de todos en voz alta para que le oyera la gente y se molestara, y mi otro amigo sencillamente no entendía la mayor parte de las veces ni lo que estaba pasando ni lo que estábamos haciendo. Yo creo que era un poco los dos y por eso les entendía, no había forma de que estuviéramos un segundo en paz o en silencio, el silencio les molestaba y yo muchas veces prefería estar solo para escapar de su ruido interior, pero por supuesto yo era mucho más discreto. Sencillamente les entendía.

Un día que había llovido nos pasamos todo el tiempo mirando hacia el asfalto mojado y hacia las luces de los coches, todo nos parecía fascinante. Escuchar nuestros pasos en la oscuridad de la noche también nos parecía increíble. Aquel día estuvimos mucho tiempo perdidos en alguna parte.

Sin preguntarnos nada acerca del sentido de la vida ni su rasgo definidor solíamos pasar el tiempo mirando a otras personas, escuchando a otras personas, cómo si estuviéramos colocados en los bares puestos por el ayuntamiento en una desidia total para no perder energía y con una amalgama de sensaciones físicas y psíquicas hasta el interior de nosotros que nos volteaban y a veces nos hacía hablar.

A través de las creencias y las credenciales la identidad se ampliaba y se magnificaba, de alguna manera en todo ese periodo en el que estuve solo y tenía mi casa hecha una escombrera me hicieron crecer. En primer lugar lo importante era buscarse un credo, tener unas ideas elevadas y pasables y con gusto encontradas en algún abismo exótico y lo segundo más importante era congraciarse con la vida llevada por uno mismo, poder estar bien y mantener y guardar un equilibrio. Sin embargo nada de ésto era posible y todo se encontraba encerrado en una falsa seguridad, todo hacía que la incertidumbre creciese y el no encontrar amparo ni lugar se hacía insufrible pero todo era una condena que se podía atenuar a través de falsos techos, falsas paredes y falsas puertas.

Por un instante detenido en el tiempo al cruzar una calle me detuve a mirar mi pasado y todo lo que significó en mi, seguí después pensando en quién era yo y qué estaba buscando y qué quería entender.

En el fondo todo era importante porque me daba demasiada importancia, todo lo hacía grande para que estuviese a mi medida pero eso conducía al vértigo y a una manera de estar en el mundo y realmente no estar.

Lo que era ahora Europa y lo que habíamos sido, lo que quedaba de todo después de una fatídica cuenta atrás y el futuro que de alguna manera no venía a salvarnos sino a condenarnos, sin angustia y con cierta aplicación de temas, todo podía ser resuelto, pero no de manera sencilla.

Todo lo que se vivía tenía un marchamo gris, cutre, contenido y no había elevación ni gloria ni poesía ni energía de algún tipo en aquello que se provocaba para estar, apara asegurar y para existir.

Con el paso de los días se acumulaba el cansancio y sobrevenía el tedio y la depresión, había que apuntar más alto, tener más altas miras pero todo acababa en sortilegio prestado y presunción.

Lo que preocupaba iba cambiando de sitio hasta no dejar espacio a nada más.

Cuando llegaba el calor salía a la calle y sentía derretirse el asfalto bajo mis pies y una gran humareda en forma de cortina de humo que subía desde las alcantarillas de agua recalentada.

Todavía mis amigos no tenían demasiada prisa por conocerme y yo pasaba la vida solo jugando a juegos solitarios, compraba en los supermercados botellas de cerveza y limones y zumo de tomate con la pólvora de la pimienta. Me hacía cócteles de zumo de tomate reconfortantes echándoles algo de ginebra y algo de lima y también pimienta, eso me daba una extraña energía que me hacía escuchar las noticias de la radio embobado y a veces participar en los debates.

Tomé la costumbre de analizar al máximo la actualidad económica cómo si me fuera la vida en ello y me creé varios blogs informativos para compartir mis pesquisas, lo considero ahora una gran pérdida de tiempo pero en el año 2012 me tuvo muy entretenido, mi capacidad analítica estaba disparada y yo encontraba así un sentido en todo lo que hacía y en todo lo que escribía.

Me lo tomaba cómo un trabajo: primero recavar información de los medios a través de la radio principalmente y de las tertulias de las once de Onda Cero y luego expresar aquello que creía haber descubierto yo sólo, tan sólo yo en numerosos blogs bautizados cómo de economía en tardes largas donde el tiempo pasaba muy despacio.

¿Por qué hice todo aquello? Me sentía cómo si tuviera una misión que cumplir y cómo si mi visión de las cosas fuera la única acertada e importante, compartía mis datos en foros de internet y los transmitía también a revistas digitales de economía...¿Todo eso sirvió de algo? Lo hice por tener una actividad intelectual que me mantuviera ocupado, tenía así más sentido la vida y nunca además sabías a dónde irían a parar todas aquellas ideas esclarecedoras de punta a punta que brotaban en mi mente de una manera sana aunque específica.

Sólo estuve igual de activo cuando creí descubrir que el universo era un gigantesco holograma y que realmente estamos en alguna parte soñando flotando por el espacio mientras en el universo no hay nadie sólo sueños y fuentes de sueños que son parte de la mente de Dios escindida porque Dios lo que quiere es conocerse y para eso se ha escindido en muchos sueños que son las personas que viven su propio sueño también. Estuve igual de activo con esa idea en el año 2010 y creo que escribí un pequeño ensayo que se perdió por las Redes Sociales y que no llegó a nadie o a muy poca gente.

Otra vez me sucedió parecido también en el año 2010 tratando de explicar cómo era inevitable una tercera guerra mundial, entonces mis conocimientos fueron geoestratégicos y geopolíticos. Esa vez me fui hasta un periódico de Palencia a que me publicaran mis artículos tratando de avisar a la humanidad, pero ya era tarde, ya lo sabían todos que iba a haber una tercera guerra mundial y así me lo dijeron.

¡Todos aquellos brotes de genio en los que destacaban mis palabras y mis ideas! ¿Qué importancia o trascendencia tuvieron más allá de las cinco mil visitas que un día tuve sin saber por qué en uno de mis blogs?

Lo mejor era dejarlo todo y viajar por los pueblos de la comarca, de esa manera dejaba mi casa triste y solitaria y salía a buscar aventuras por ahí. Mi amigo el alto y yo recorrimos los pueblos de la comarca hasta llegar hasta Jara, y allí cruzamos los bosques caminando hasta que llegamos a un Zoo abandonado. Nos impresionó mucho, todas las jaulas estaban vacías. Para cruzar al otro lado nos metimos en la jaula de la leona y saltamos la valla hasta un prado cercano. Me impresionó bastante, la verdad. Estábamos en la jaula de la leona pero no había nada allí, sin embargo sentíamos su fuerza y su presencia y creo que sentimos hasta miedo antes de saltar la valla para cruzar al otro lado. Fue una experiencia fantástica, chamánica, llegar a aquel Zoo abandonado de jaulas vacías y luego fue todo discutir, no nos poníamos de acuerdo mi amigo el alto y yo de hacía dónde tirar. Entonces nos separamos y creo que fue la mejor idea que pudimos tener porque al día siguiente conocía a dos muchachas de un pueblo cercano que iban a ingresar en la universidad, las dos muy simpáticas, y me enrollé con una de ellas. Las acompañé a hacer su ingreso en la universidad y de paso me apunté yo a unos cursos de filosofía. Me invitaron a dormir a su casa pero cuando fui a ponerme el pijama me di cuenta de que tenía toda la piel de color rojo, había contraído una alergia o una infección. Regresé más tarde por donde había venido, solo, y me acerqué hasta el pueblo en que unos primos lejanos tenían un chalet. Por aquel entonces yo tenía dinero y lo apostaba en internet jugando a adivinar terremotos. Mi primo también apostaba, pero contra mi. Me quedé una temporada con mis primos y me dediqué a aprender idiomas. La rojez de la piel se me quitó sola.

Eso fue mucho antes de la tercera guerra mundial.

La tienda de los congelados estaba justo debajo de mi casa, atendía un señor con una bata blanca cómo si fuera médico o profesor, era un señor muy serio y exigente que siempre pedía, también en sus carteles, que no se andara eligiendo la comida y que dejáramos que cayera todo al azar. Yo solía de vez en cuando comprar marisco congelado en esa tienda pero lo que más me gustaba era que de Galicia o Asturias, que era de dónde le venían los congelados, trajeran también botellas de sidra.

Las botellas de sidra olían a mar, a puerto y yo pasaba largas horas en la soledad del salón de mi casa saboreándolas.

A veces llegaba el jueves o el viernes, cuando en la semana todo nace, y me dedicaba a beber las botellas de sidra en mi casa y siempre lo hacía en silencio y mientras lo hacía me imaginaba que vivía junto al mar o que estaba en una ciudad de vacaciones al lado de una playa.

España es un excelente destino turístico, también para los que estamos dentro y vivimos en ciudades de interior siempre soñando con acercarnos a la costa, de hecho el español es el que más turismo de costa hace dentro de España y el español suele viajar dentro de su país porque lo considera una suerte, una forma, de país de países, cómo diría un poema de Juan Ramón Jiménez.

Antes de que cerrara, a las cuatro de la tarde, después de que hubiera comido yo, me acercaba a la tienda a comprar las botellas de sidra: su olor, su sabor maravilloso...¡Con qué poco he sido tan feliz!

Nunca llamaba a nadie para compartir mi experiencia con la sidra, de esa manera disfrutaba más estando solo y además nunca me ponía música, ni la tele ni la radio. En completo silencio bebía en la penumbra y casi oscuridad del salón de mi casa y me encontraba contento de tener una casa pero pensaba que hubiera sido mejor tener mi casa junto al mar y dar largos paseos por la playa.

--De eso también se cansa uno--me dijo entonces una amiga.

Y supongo que tendría razón.

Recuerdo ahora la sensación que me embargó un día de primavera al recorrer las calles vacías de mi barrio después de comer, rumbo a por mi botella de sidra de los findes, no había ni un alma y se notaba que la crisis era descomunal y que dejaba vacías las calles y nadie salía más que por la noche si hacía calor o poco antes de la hora de comer después del trabajo, el que lo tenía. Luego la gente se refugiaba en sus casas cómo si le tuviera miedo a algo...¡Maldita crisis! Estaba acabando la crisis con la alegría y el desparpajo del pueblo español y yo recordaba de memoria otros tiempos felices donde la vida era un continuos hormiguear en el hervidero una hora tas otra...¡No quedaba nada de esos tiempos felices y creo que fui consciente de sentirlo así! En el ambiente lo que existía era una cierta humillación a la par de un sentido abandono, las cosas lógicas se precipitaban para tardar en asumirse y los torrentes de ideas se espaciaban y no estaban nada claros y así iba pasando mi vida y recuerdo que entonces sabía que era joven pero que un día incluso podría no serlo y yo relegaría en la salud mis hábitos, los buenos y los malos y sería o tendría que ser feliz así, todo iba a suceder con el tiempo pero todavía era tempano, era temprano a las cuatro de la tarde cuando yo me di cuenta, es así.

Vuelvo a esas calles, grises, tristes y vacías y lo que siento es nonstalgia.

Creo que me dijo que se llamaba Nuria y era española. De todas las prostitutas de la puerta verde creo que ella era la única que era española. Tendría unos veinticinco años y se estaba prostituyendo para tener un dinero con el que estudiar Turismo en la universidad, al parecer se le daban muy bien los idiomas y había viajado y vivido en en otros países, incluso en Tahilandia.

Nuria tenía el brazo roto cuando la conocí, pero eso no la impedía trabajar. Llevaba una escayola repartida por todo el brazo hasta casi el hombro, sin firmas ni marcas, muy blanca e impoluta. Enseguida nos caímos bien, mi mente abierta y mi capacidad comunicativa la cautivaron. Estaba claro que íbamos a ser grandes amigos.

Sin embargo no lograba entender muy bien qué la pasaba, tenía un odio y un rencor en el cuerpo desconocido para mi, algo que parecía ser no humano. Supuse que no le haría mucha gracia prostituirse o que a lo mejor había recibido algún tipo de maltrato, todo ello me llevó a a acogerla en mi casa.

No sé bien cómo sucedió todo. Una tarde que ella libraba quedamos para tomar un café y ahí le expliqué a ella que se podía quedar a vivir conmigo y que no le iba a cobrar ningún alquiler y que de esa forma tendría más dinero para matricularse en la universidad de Turismo, que era lo que ella quería hacer.

Al parecer había sido una buen estudiante que se fue por el mal camino, lo mismo que yo salvando las distancias y sin duda alguna habíamos encontrado entre los dos una simbiosis mutua que nos beneficiaba a ambos.

Me sentía feliz, por primera vez en mucho tiempo...por primera vez en años, iba a tener una compañera, alguien con quién compartir mi vida.

Nuria era rubia oscura y de ojos intensamente verdes y muy grandes, cara de muñeca y cuerpo esbelto y menudo. Realmente era muy guapa y a parte de ser bastante joven parecía bastante más joven de lo que era. Ni que decir que yo estaba encantado con semejante compañía.

El problema era que ella no pensaba dejar de prostituirse y trabajaría en la puerta verde de 8 de la tarde a 4 de la mañana todos los días, se estaba llevando un buen pastizal. Estaba ella muy cotizada y bien pagada...¿Para qué quería tanto dinero para estudiar Turismo? Creo que ella quería estudiar esa carrera en los Estados Unidos, el inglés era uno de los idiomas que hablaba perfectamente.

De lo primero que me di cuenta cuando llegó a casa era que con zapatos de tacón era más alta que yo, descalza y desnuda cómo la había conocido no llegaría al metro setenta pero con los zapatos sobrepasaba mi metro setenta y cinco que por costumbre de ir yo encorvado se quedaba en menos. Ella sabía que eso le daba cierta ventaja y en todo el tiempo que estuvo en mi casa no se quitó los zapatos de tacón llenando de ruidos toda la casa para estar de alguna manera por encima de mí. Por otro lado era sexi.

Ella siempre llevaba vestidos negros o muy oscuros, azul marino oscuro casi negro y también blusas que marcaban sus abundantes pechos. Era una alegría para mí tenerla circulando por toda la casa, entretenida cocinando o escuchando música. Sien embargo desde el primer día que entró por la puerta puso sus condiciones y me dejó muy claro que no me iba a volver a acostar con ella.

Mi amigo el triste se había hecho cantante y daba conciertos con un nuevo método musical. Nuria y yo asistimos a su concierto en una cancha de baloncesto de un colegio privado. No había mucho público y pudimos sentarnos en el cemento de las gradas sin ningún tipo de problemas. El nuevo sistema de canto que tenía mi amigo el triste se llamaba "el grito" y se limitaba a rapsodiar las frases cantadas congelando las notas y de vez en cuando daba unos gritos muy extremos con la melodía y así, al mismo tiempo, se tocaba el cuerpo palpándoselo cómo si tuviera algún tipo de enfermedad. A Nuria y a mí no es que nos gustase es que nos llamaba mucho la atención ese nuevo sistema de canto entre el Hip-Hop y el cante jondo y la fusión tecno. Mi amigo el triste no tocaba ningún instrumento y se limitaba a cantar vestido con un grueso jersey de lana roja y unos pantalones rojos a juego y zapatillas negras. Luego cuando la orquesta se limitó a hacer un instrumental, mi amigo el triste se sentó con nosotros a verlo. Yo noté que con el tiempo se había vuelto loco, pero era muy creativo.

Después del concierto Nuria y yo fuimos a una bolera famosa por servir el mejor vino tinto de la ciudad y mientras saboreaba el vino en compañía de Nuria me di cuenta de que yo era muy feliz y que no sabía cuánto tiempo o por cuánto tiempo iba a seguir estando así de feliz.

No tenía la mente ordenada pero tenía buenos amigos y una casa y un trabajo y una compañera y dinero para beber buen vino tinto en las boleras de la ciudad y tiempo libre para mi ocio. Sí, realmente me sentía muy feliz pero sin embargo notaba que no iba a durar eso mucho tiempo, que más tarde o más temprano aparecerían los problemas y con eso se turbaba un poco mi felicidad.

Sencillamente estaba viviendo un momento dulce en mi vida y yo sabía que la vida no siempre iba a seguir o a ser así, pero por el instante precioso que estaba sintiendo tenía que seguir y atesorarlo en mi recuerdo, tal vez un día pudiera hacer buena literatura con ese tiempo tan dichoso.

Me limité a disfrutar del momento, pero con lucidez.

La cabeza calva y debajo una gran barba, yo sabía quién era aquel señor de la mirada penetrante. Lo había visto acercarse por el barrio día sí y día no con su gran calva y sus grandes barbas, siniestro y en la oscuridad.

Entonces había poca lluvia y el tiempo era muy seco y los espejismos de maldad se espaciaban, todo el tiempo que estabas dormido no tenías sueños o tenías sueños negros y siempre al despertar te asomabas al balcón y abajo estaba el hombre de la gran clava y de las grandes barbas, con su mirada penetrante.

En el barrio las mujeres gordas y sesentonas saliendo a comprar el pan en zapatillas y los jubilados tomándose sus vinos en medio de un espeso mal olor.

La sequedad en el ambiente y las ganas de que por fin lloviera, todo muy cargado y sin una nube.

Las noticias de la crisis y la gente cansada de la crisis y de la precariedad laboral, el hartazgo de la gente cansada y harta e incluso malhumorada.

Y la única novedad en el barrio era aquel hombre de gran calva y grandes barbas, nadie sabía de dónde había salido pero por lo menos daba a la gente conversación.

Y yo con mi pequeño trabajo y mi pequeña labor cobrando mi pequeño sueldo y viviendo de pequeños sueños.

Hasta que un día por fin llovió.

Sin duda yo era el que era y el que siempre había sido, unido a la mujer de los ojos de estrella que era agua pura en un noventa por ciento.

Luego salté por las rendijas de las afectaciones, aquello que me afectaba era un borde de mi con jamón y queso y carne y vísceras y sangre, mis intestinos me llamaban.

Tuve suerte y lo sé, tuve suerte de ser y de estar y de permanecer y quería el Todo y el Todo era una sombra.

Descubrí que el Todo era una sombra en nuestra vida y que podía espaciarse más, espaciarse más hacia el todo y hacia la sombra y hacia el Todo y hacia la Sombra.

Pero la Sombra del Todo me hacía más fuerte que la sombra del todo y eso ya lo predije hace mucho tiempo en un bar a unas aceitunas verdes cómo ojos verdes muertos que caían del árbol donde mi amigo las asaltaba y las hacía violencia, mi amigo luego se casó y tuvo dos hijos pero yo tuve esa intuición allí y mucho antes y estaba vivo pero estaba muerto y sufría pero sufría por motivos que sólo estaban en mi imaginación y ahora me río pero antes sufrí por eso.

Llegó el gran vehículo que nos traía y era gris en paz, gris en paz era el gran vehículo que nos traía.

Y con mi jersey color mercromina enamoré a la mujer del norte y ella me reconoció por mi jersey y suspiró  y en el suspiro estaba atado todo mi amor de aquella época que eran los años noventa y yo cansado o borracho no pude borrarlo de mi recuerdo en mucho tiempo y luego sufrí más adentro de mi ser y encontré unas pestañas que cerrar por las que lloraba y todo eso era mi cuerpo, también era mi cuerpo pero no era mi cuerpo físico y sí estaba abierto a otras dimensiones que me esperaban y había tenido el valor de dar el paso hacia esas dimensiones que me esperaban con pájaros y diamantes y yo era feliz por primera vez por vez primera y en primavera.

Sin duda era la mejor puesta de sol, nunca había visto el sol deslizarse por la superficie del horizonte de esa manera. Sentado sobre la acera sin moverme a los lados ni a derecha ni a izquierda, me sentía acompañado de mis propios pensamientos. Una cita con una mujer estaba en el proceso de ser tenida cómo posible, mis zapatillas de deporte compradas al mejor precio brillaban cómodamente puestas sobre mis pies. Supongo que llevaba ya unos cuantos vinos y que había decidido no ir a casa a comer porque nada ni nadie me esperaba y no tenía por qué acudir a una casa vacía de paredes desnudas. Fue entonces cuando vi al diminuto escorpión acercarse hasta mí, estaba a punto de subirse por mi tobillo y el desenlace final iba a ser una visita a urgencias. Sin embargo en un punto determinado de la conversación que estaba manteniendo solo, el escorpión se fue por la alcantarilla cercana a la vieja papelera en derrumbe cuya sombra me hacía sentirme especial y cuidado.

De día o de noche aquel lugar era de mis preferidos, me conectaba a él en vivo y en directo y dejaba que luego cayera una maldición sobre los hombres insalvables de la ciudad.

La hipótesis de volver a ver a Nuria estaba también existiendo, todo se trataba de volver a prender a perdonar, había pasado el tiempo y habíamos discutido y ya no nos llevábamos también.

Así que estaba yo mirándome los pies en la calle y aprendiendo intranquilamente a perdonar cómo solución segura que me interesaba.

Quería probar las nuevas cervezas negras de un bar vecino, así que me levanté de la acera y el sol seguía deslizándose lleno de amor por el anchuroso cielo hasta atravesar el Atlántico cuando yo se lo dijera para hacerle cambiar la vida y hacerle disfrutar. El astro rey y yo éramos dos, sólo necesitábamos un micrófono para gritar más alto a los cuatro vientos que la tarde era perfecta.

Al incorporarme pensé que me estaba haciendo viejo y ese pensamiento del que me iba a rrepintiendo me acompañaba de dentro a fuera en mi vacío sin maldad hacia las piscinas de los representantes que lo daban todo y proclamaban su gloria.

Hacía calor pero en vez de ir a las piscinas me gasté el dinero en el bar y creo que efectivamente estuve bebiendo toda la tade, el camarero era un chico estupendo y muy educado que me dió conversación y me dijo que le ggustaba la gente que daba la cara sin venir a cuento.

Poco a poco se iba haciendo de noche, en casa tenía un libro esperando de Gerardo Diego, pensaba también que ya no tenía madera para trabajar en nada y no supe en donde meterme.

Acompañaron a estas sensaciones pensamientos pesimistas y con la noche fui entrando en cierta oscuridad, recordé cuando gané 150000 pesetas en un concurso de relatos, de ahí evnía todo, las ganas de volver a escribir y tener un nombrecillo y demás.

La sensación que a mi me daba era que todo venía de aquello: el éxito que tuve escribeidno un día.

Volví por la calle Javier Tudela, ya había salido la luna y estaba borracho.

Se me ocurrieron unas ideas para escribir y ya las estaba viendo.

Estaba contestando a unas preguntas en una entrevista de trabajo y de repente me vi pidiendo perdón de manera sutiil por algo que tenía una parte de verdad y otra de responsabilidad.

Me condenó la entrevista a un ataque de nervios a las cinco de la mañana, me levanté y me puese a ver los teleprogramas y luego las noticias de las seis y cómo estaba despierto desayuné a las siete de la mañana pero luego tuve más hambre así que bajé al bar para desayunar por segunda vez, abrían a las ocho pero yo hasta las nueve no tenía que ir a trabajar.

Estaba yo desayunando a las ocho de la mañana cuando aparecieron unos amigos borrachos que venían de estar toda la noche de juerga y se metieron en el restaurante hablando a gritos.

Turbaron la paz de todos y lo mejor era que venían con su abuelo que se acababa de despertar.

Yo estaba alucinando en colores y lo que pasó es que me invitaron a unas cervezas y al beberlas me entró sueño pero tenía que irme a trabajar.

Seguí bebiendo cervezas con mis amigos borrachos a las ocho de la mañana hasta que me animé y me fui a trabajar contentillo.

Ese día hice muy bien mi trabajo y fui felicitado por ello pero a las tres de la tarde cuando acabé me caía por los suelos, me senté en un banco y me quedé dormido. Cuando me desperté eran las cuatro de la tarde y no tenía hambre.

Sólamente una cosa: todo ésto que me sucedió es cierto, yo trabajaba con un gran equipo en una oficina particular y sé de lo que estoy hablando.

Los negocios se me daban estupendamente.

Antes de que llegara el buen tiempo pero cerca de esos meses y semanas, me perdí por las tiendas de los chinos para entretenerme la temporada en la que había dejado de beber, creo que pasé así mucho tiempo, cogiendo la puerta de casa y yéndome para tiendas y grandes almacenes e incluso librerías a curiosear. Cómo había dejado de beber ya no me metía en bares, pasó mucho tiempo antes de que tomara una copa en un bar cerca de la estación de trenes que estaba desierto pero salí a un patio en el que tampoco había nadie y me tomé un whiskey-cola porque iba a ser verano y yo me iba de vacaciones y estaba de buen humor, el viaje creo que iba a ser al día siguiente y yo quería cambiar de vida antes de llegar al sur del Mediterráneo.
Hubo un tiempo después con masas de aire polares y frío intenso en el que no nevaba de frío, tiempo en que te metías en un bar a estar caliente y te tomabas un café para que los días fueran más llevaderos.
Te dabas cuenta al empezar el día que no había semanas interesantes y todo eran domingos que se daban cita en el invierno y recordabas aquel whiskey-cola en seis minutos cuando decidiste hacer un viaje hacia el sur y repasar el inglés, era fácil estudiar entonces.
Entonces empezaste a beber y le diste mucho cuento y mucho color y yo también empecé a beber echándole mucho teatro y en los bares me cantaban cantinero de Cuba cuando me pedía unas cañas. Recuerdo aquel bar de cañas finas y largas para ahorrar, te tenías que tomar dos para enterarte de algo y luego la vida era un espectáculo y yo veía series de ciencia ficción, de madrugada, solo.
Sin cansancio ni fatiga me encerraba en casa viendo la tele esperando que llegara el buen tiempo, en todo caso bajaba un rato al bar de al lado, era casi cómo no salir.
Era cuando trabajaba en las inmobiliarias y la crisis acababa de empezar, la primera.

Caminar y luego caminar hacia el bar donde una mujer pequeña daba conversación, era de mediana edad y estaba loca y sabía muchas cosas y con un futuro extraño y un marido que la había dejado. Así hablábamos largo y tendido y pasaba el tiempo y luego nos mirábamos y nos dábamos pena, nos dábamos pena mutuamente. Eso fue una temporada y en otra entraba solo en los bares y hablaba con un chico gordo y bajo con gafas que era muy inteligente y siempre me hacía compañía, casado con una extranjera joven muy guapa, ganaba mucho dinero y era inteligente pero él sabía que había tenido buena suerte en la vida y en otro bar había un loro y el loro era gris o azul y hablaba y la gente le daba conversación al loro y en ese bar había que pedir vino porque el vino era lo mejor de ese bar y los camareros jugaban a los videojuegos y no te atendían y había una mujer mayor que a veces te cobraba. Y así te ibas de bar en bar hasta que estabas borracho y entonces te volvías a casa y en casa dormías y esperabas al día siguiente para volver a empezar. Y todo era así, todo era  así y todo dolía, dolía estar solo y dolía estar sin un trabajo en condiciones y también tampoco te gustaba el mundo en el que estabas viviendo ni tu país ni tu gobierno y todo era cómo un huracán que se llevaba todo lo que habías sido, una llamarada que te consumía por dentro y no pudieras entenderlo y de repente te acordabas de un concierto en el sur de España donde te lo pasaste bien pero ya no eres el mismo y pasa el tiempo y ya no eres el de antes pero al menos casi no es la misma sensación que en otro tiempo. Pero te acordabas de aquellos buenos momentos.

Yo lo llamaba la proyección estática y consistía en estar sentado al borde de una mesa en un bar mirando a las personas que entraban y salían mientras consumía whiskeys y cervezas, así me podía pasar las horas. Cada persona era diferente de la anterior y eso a veces es curioso, te llama la atención que las personas no se repitan ni estén hechas una ruina. De vez en cuando una amiga me acompañaba sin hablar mientras afuera llovía o sencillamente la vida pasaba.

Tuve un mes de septiembre muy bueno un año de crisis, pillé un poco de dinero y amplié mis vacaciones de agosto a septiembre también, me paraba en las tiendas, en los escaparates de las tiendas que contaban historias, pensando en las penas que se olvidan y en las aceras vacías, después dejaba que la idea de consumir se disolviera en mi y acababa por no comprar nada y sólo en los bares perdido me gasté todo el dinero en la proyección estática de no hacer nada y de no querer nada y tan sólo observar, observar a la gente. De vez en cuando una amiga me hacía compañía pero no hablaba y después mirabas por los cristales y te dabas cuenta de que no te podía llegar el sonido de la calle y que las personas estaban vacías, esa sensación que corría con el tiempo y las prisas y demás, esa sensación de que la gente estaba vacía te animaba cómo unas viejas monedas y el alma raída se contentaba luego con nuevos tragos y esperanzas y la mente viajaba. No había pensiones baratas entonces, recuerdo que tenía una casa y caminaba hasta una plaza cercana a tomar latas de cerveza dando cigarrillos a los pobres que llevaban una vida muy dura. Aquello fue en lo peor de la crisis que la gente acabó llevando cómo una bandera de lunes, sin duda yo me encontraba peor en aquellos días lo que me llevaba siempre a recordar aquel septiembre en el que pude ampliar mis vacaciones.

Encontrar luego mi casa vacía no duró demasiado tiempo aunque se me hizo largo, encontré en mi vida a Nuria y empecé a vivir en una montaña rusa. La verdad es que ella llegaba de madrugada cuando yo estaba dormido, venía de trabajar prestando servicios de prostituta y se acurrucaba en la cama y trataba de dormir hasta el mediodía. Yo nunca la preguntaba por qué se prostituía porque sabía que lo hacía para poder estudiar Turismo en los Estados Unidos y salir de España. Guardaba cierto celibato con ella y nuca le pedí sexo ni nada por el estilo, en algún sentido yo era cómo su protector y ella hacía las faenas domésticas que yo no quería compartir y delegando en ella toda responsabilidad compraba comida que ella luego cocinaba. La sensación era la de ser un viejo perdedor y ella me dejaba beber y decir estupideces y tonterías sobre todo y sobre los demás y aveces me dejaba tener destellos geniales y se admiraba de ello. El dinero ganado en las inmobiliarias daba para mucho si se sabía estirar y una botella buena de vino no llegaba a los dos euros y con eso hacías la tarde.

Hasta que llegaba la hora de trabajar Nuria se encontraba muy cansada y mirábamos la tele sin decir nada y sobre todo sin comentar nada y yo sólo hablaba de mi pero cuando estaba borracho y mi tema de conversación preferido era yo mismo y eso le gustaba mucho a ella para no tener que hablar de sí.

Entonces pasé algún tiempo intentando buscar a mi amigo el triste que vivía al sur de la gran ciudad pero no lo encontré, por las noches ponía cara de buena persona y hablaba de manera sensible e intelectiva con Nuria de los recuerdos con mi viejo amigo el triste. Yo sabía que a ella no le importaba demasiado esa historia y que tenía que aguardar a que dijera algo con mucha expectación porque ella no hacía comentario alguno.

A veces me pasaba las mañanas desayunando dos veces y así evitaba tener resaca por el día anterior y la lucidez de esos momentos tras el desayuno era muy vívida y siempre se me ocurrían grandes ideas cómo comprar un mueble armario o hacer un nuevo vestidor un viernes, en el fondo ideas que comenzaba y que no acababa de poner en práctica pero que calmaban mis nervios y de alguna manera así estaba entretenido después del trabajo y ahora encuentro que hice todo aquello porque no podía estar conmigo mismo ni en silencio y por eso luego estuve mucho tiempo conmigo mismo y en silencio.

Bien, tener que escribir ahora que aquello fue un tiempo feliz sería un exceso pero ha acabado por serlo al no estar mi vida en el presente en mejores condiciones que en el pasado y entonces lo que sucede es que piensas que ha sido más feliz porque has sido más feliz antes.

Llegó un momento en el que no iba mucho por casa y Nuria tenía su llave y hacía su vida por la casa y empezamos a no comer juntos y a hacer cada uno su vida por su cuenta y a veces hablábamos por la calle cómo si fuéramos dos desconocidos , intento pensar que ambos queríamos estar solos y eso es lo que me parece con el tiempo. Nuria un día dijo que no le gustaba la casa en la que vivía ya más y se quiso marchar pero no lo hizo, tardó un tiempo en irse porque no tenía donde estar así que se quedó conmigo sin querer estarlo y mientras tanto iba reuniendo el suficiente dinero cómo para estudiar Turismo en los Estados Unidos y ya no me necesitaba, nuestro contrato kármico había terminado y un día ella no fue a dormir y yo no la pregunté en dónde había dormido.

Al fin y al cabo tampoco era mi novia.

Así fue cómo se acabó una historia que en realidad nunca había empezado, con sonrisas y buenos sentimientos un día nos dijimos adiós y el tiempo dio buena cuenta de nosotros. Nunca nos acostamos juntos.

Regresé de nuevo a una casa solitaria.

Fue un septiembre al volver de unas vacaciones, yo estaba más delgado y más fuerte y de mejor humor y empecé a dejarme barba y a hacer deporte y a llevar una vida más activa, estuve un tiempo de un inmejorable buen talante. Sin embargo casi todos los septiembres son parecidos en mi vida, tengo ganas por hacer cosas nuevas y estoy de mejor tono. Ahora lo recuerdo así y no sé a qué se debe, de alguna manera siempre es el inicio de algo en mi vida, el tránsito por Libra o similar, alguna explicación puedo encontrar pero no sé cuál es, tampoco tiene la mayor importancia.

La vida es mejor estando activo y siendo generoso, sin embargo a veces los nervios se crispan y pasan cosas desagradables, intento recordar cuando todo escapaba a mi control, los días grises y los días oscuros, los días en los que yo no estaba en mí.

A veces era el vino Federico y otras veces era el vino Moruve, las más era el vino Carramimbre y algunas era el vino PradoRey...siempre era el vino y no era yo, mi alma bajaba los escalones y entraba en un desván muy lóbrego, silencioso y profundo. Mi alma bajaba desde el tejado al desván, desde la oscuridad de la noche sin luna al hacinamiento de no estar y estar peor. A veces encontraba en todo aquello un reposo sin saber por qué, encontraba un reposo en todo aquello y no lo entiendo.

Entonces me entraban las ganas de caminar y de callejear por los bares y de recorrer la ciudad de noche sin parar en ningún lado, deambulando de un lugar a otro para calmarme, caminar por caminar en un periplo bajo la noche en una noche sin fin.

Y siempre las caras nuevas de las personas desconocidas me parecían fascinantes, cómo recién salidas de un sueño y otras veces no me decían nada y eran cómo trapos o espejos y en todo momento yo era el cavilador, el pensador y el actor.

Las horas de lectura los domingos por la tarde y los sábados lluviosos que me acompañaron hasta que sin saber por qué un día acabaron y ya no soporté ya más la compañía de libros y la literatura me llevó a sentirme engañado en un mundo que aunque era el mío nunca había existido y yo sólo hacía un recorrido mental pero no físico, llevando una vida falsa en la imaginación y que era algo que no contaba cómo experiencia y quise entonces tener una mayor dimensión cómo persona y ser yo mismo aunque pudiera estar equivocado y abrirme al mundo para estar y hacer y actuar. Ese desengaño de las letras que ciertamente llegó muy tarde en mi vida o cuando ya era muy tarde y quizás demasiado pronto en algunos aspectos pero en otros ya no.

Yo pienso que aquello fue un querer y un pretender hacer algo más con mi vida y estar más activo y más dinámico y tener más alcance en mis deseos y querer más y esperar sentir más y vivir más y expresar más.

Trasladé todo aquello a la calle y la calle fue mi teatro de operaciones y en la calle viví un tiempo y poco más puedo decir de toda aquella etapa de mi vida que ya casi he olvidado pero que tuvo sus consecuencias.

Se deformaban en la boca, eran los palos de nuez y chicle de las golosinas que se remembraban y cada uno de nosotros al atraerlos en la memoria los saboreaba.
Eran los palos de regaliz en palo que se disfrutaban de nuevo.
Y la gente cansada y harta iba dejando la ciudad y buscando mejores objetivos, y deseaban mejores vidas y un lugar más acogedor y mejor, hartos de la energía de castigo y duda y hartos del abandono y de pasar miserias.
La gente se iba de la ciudad.
Yo guardaba la imagen de Nuria vestida con ropa elegante, un pantalón y una chaqueta, un día para una fiesta, para estar bien. Yo guardaba esa imagen.
Y los amigos hablaban de palos de regaliz y yo pensaba en Nuria y me sentía solo, muy solo.
Y de repente fueron cerrando todos los bares y los bares ya no eran negocio y cada vez teníamos que beber más al sur.
La ciudad estaba colapsando por su antipatía y por su forma de ser y por no cuidar a lo suyos y los jóvenes se iban al extranjero.
Y yo salía y sentía que todo estaba muerto y enterrado y acabado y que todo estaba marchito, pero yo no tenía donde ir.
Todos nos queríamos marchar de la ciudad, mundo sin esperanzas.
Y llegó el tedio y el aburrimiento y el sinsabor y la gente hablaba por hablar y los que nos habíamos quedado éramos los peores, los que menos valían.
Y todos lo sabíamos y nos ahogábmos en alcohol y mentiras para estar y existir.
Y todos lo sabíamos y nos ahogábmos en alcohol y mentiras para estar y existir.
Hasta que una tarde entró en el bar un tipo con mucha cara de loco y modales rudos y todos nos impresionamos, venía con una rubia con cara de amargada y de muy mala leche y se veía que los dos eran muy malas personas y nos dio miedo y no volvimos a ir a aquel bar.
Y estuvimos sin acudir a aquel bar mucho tiempo, cómo si nos hubiera dado un mal.
Luego salí a comprar papelillos de fumar porque ya no podía comprarme paquetes de tabaco y tenía que fumar de liar, nada me importaba mucho entonces.
¡Era tan estúpido recordar que fuimos felices de niños...el tiempo era ahora.!
Y yo me sentía cada vez más solo, por primera vez en mucho tiempo me sentía solo.
Palos de nuez, hablar de palos de nuez...para volver a ser felices.
Pero todos sabíamos que aquello no era la solución, que éramos pobres, que no teníamos futuro ni trabajo ni destino y que nos estábamos consumiendo.
Todos sabíamos que recordar cuando éramos felices no era la solución.
España al borde de una guerra civil y el mundo al borde de una guerra mundial y diecisiete millones de pobres en España y los mercados subiendo.

Sonaba a las grandes neurosis mi voz interior que me decía para, y al final no quedó mucho espacio de actuación así que estuve paseando por el barrio de los Vadillos y lejos, muy lejos, del centro de la ciudad, admirado de su gente peculiar y sus plazas.

En un lugar solitario de una plaza había una chica medio desmayada, por ingesta de drogas seguramente, pensé en llamar a la policía pero no lo hice. Al rato unas ancianas vinieron a auxiliarla, yo me había comprado una botella de vino y lo veía todo entre trago y trago, era mejor que estar en el cine, era mejor que ver la tele.

Apareció un señor muy bajo y muy bien peinado vestido con un traje de obrero y una voz peculiar, empezó a dar órdenes y a dirigir el cotarro, pero a las ancianas no había nadie que las dijera nada, se acercó un cartero o un jardinero--no me acuerdo ya--y entre los cuatro intentaron reanimar a la chica, de vez en cuando el señor bajito miraba hacia donde yo estaba, cómo reclamando más ayuda, pero yo sólo podía estorbar. Lo más curioso es que creo que pensaban que yo sabía lo que había pasado, pero yo no tenía ni idea. Intuí que se iban a acercar a interrogarme de un momento a otro y comencé a hablar solo para que pensaran que yo era un loco y me dejaran en paz. Cómo me daba vergüenza hablar solo cuando pasaba alguien cerca de mi me ponía a cantar, me salieron unas notas muy buenas con el alcohol y al final me puse a cantar en serio y no de di cuenta de que había llegado una ambulancia y se llevaban a la chica. Todo ésto ocurrió en el barrio de los Vadillos una tarde de mayo del pero año de la crisis hasta la fecha, cuando todavía se podía cantar y beber en las plazas.

Cuando volvía hacia casa me daba cuenta de que me estaba saliendo de mi cuerpo y eso me asustó, empecé por no sentir ni los pies ni las piernas que se iban moviendo en automático y todo mi ser se salía hacia arriba y llegaba a la cabeza, pronto saldría de mi y alcanzaría los cielos y la verdad es que eso me impresionó bastante, así que senté en un banco y ya no bebí más, tiré la botella a una papelera.

Empecé a darme cuenta de algo. En el mundo había guerra, hambre y dolor pero en mi país todavía no había guerra, hambre y dolor. Tan sólo estábamos pasando por una crisis. En otros países había cruentas guerras y revoluciones, pero en mi pais todavía no. Además yo tenía un trabajo y tenía una casa...Había gente que se había quedado sin trabajo y sin casa pero yo todavía no...¡Entendí que el mundo está lleno de multiversos y que en uno de esos multiversos uno se encuentra!

A uno le pueden ir muy bien las cosas mientras a la mayoría le van muy mal y uno puede estar en un país en paz y prosperidad mientras que otros se encuentran en la inmundicia, y eso es porque el mundo es grande. Entonces tiene que disfrutarlo y reconectarse con la abundancia.

Tuve sueños con amigos poetas y con amigos literatos y letraheridos, tuve sueños con ellos quizás por la sensible luna de Piscis y comprendí que llevaba un tiempo sin escribir. El Principe Carlos me dio envidia con su buen gusto para elegir dando la espalda a su medicación la cerveza Spaten de pinta en pinta y en cuanto tuve oportunidad me tomé una Spaten un montón de horas sin sentirlo ni contarlo, no podía resolver mis problemas por poco y haciendo pausas. Decían que las cervezas alemanas tenían rastros de pesticidas pero era un bulo, quizás porque en España se consumía demasiada cerveza alemana, al menos yo creía creerlo así.
Tomé después de la Spaten un Ambar Sport de 7 grados y a mitad de la calle luego me asaltó el inicio de un poema. Yo sabía que empezaría el poema diciendo: "Un manto de tierra y una llave de compasión" y lo dejé así por escrito y a la mañana siguiente ya tenía el poema casi completo, era algo así cómo ésto, decirlo no es culpa mía aunque lo parece:

UN MANTO DE TIERRA Y UNA LLAVE DE COMPASIÓN

Un manto de tierra y una llave de compasión
se mueren en los hábitos de la edad
sin avisos ni tiempo
y sin conocimiento
casi sin cubrir los cómo estás cuando sigues siendo tú
pero unas horas antes de lo que llama y no se atiende,
sin los juegos de ayer por la noche
contando a la nada una y otra vez
lo que asiste y no tiene sentido
sin la disculpa para hablar.


Me di cuenta de que escribía mucho mejor antes y que yo esperaba que pensase eso también, era mejor poeta hace veinte años y ahora había perdido mi toque, pero de vez en cuando con la sensible luna de Piscis que nos acerca a esta comunidad y nos une sin perder tiempo para disfrutar de la parte más festiva de la vida, sinceramente ahora no me debía a ningún público ni me esperaba pujando por mi un nutrido club de fans y bueno es saberlo para las mujeres de nuestro futuro que no deciden por nosotros, porque la verdad es que gano mucho cuando me remodelo o empiezo de cero o no sé a dónde voy, participo de la vida y de las noches especiales en las que me encuentro que estoy aquí y que soy cierto, un mayor nivel de consciencia pero sin dar las gracias, demasiado champán luego te hace no ser agradecido, las burbujas de la vida y las otras.

Todas las fuerzas que tuve en aquellos días, toda la fuerza y todo el poder que tuve vuelve a mí de nuevo, sin embargo aquellos años pasados dejaron en mí cierta pesadumbre que no sabría explicar muy bien. Años en los que yo hice demasiadas cosas y quizás alguna que no estuvo bien del todo pero ya es tarde para arrepentirse y para tener miramientos morales. No recrimino todos esos días en los que yo me acercaba a la puerta verde, cruzaba su umbral y una vez dentro esparcía todos mis malos sentimientos y mentiras y me sentía rejuvenecer. Sin duda detrás de la puerta verde me esperaban aquellas mujeres que eran como grande sacerdotisas del amor y que yo algún día sabía que iba a ilustrar en mis textos. Verónica era una mulata grande de pechos prietos con ropa interior color mostaza, ella siempre sabía que era lo que a mí me gustaba y con ella lo pasé bastante bien, sin embargo eran los años de la mayor crisis económica mundial jamás conocida en el mundo occidental y el mundo se venía abajo tal y como lo habíamos conocido y todo quedaba totalmente corrompido y destruído y en esa corrupción, en esa destrucción del mundo, estaba mi propio mundo también colapsando de alguna manera y si de alguna manera mi propio mundo estaba colapsando el mundo real también estaba colapsando y yo me entretenía con aquellas mujeres detrás de la puerta verde que por unas pocas monedas me satisfacían sexualmente y me hacían sentirme joven y vivo de nuevo. Todas aquellas obras en las que yo trabajaba eran para ganarme el dinero suficiente como para poder acudir a la puerta verde y satisfacer mis deseos perversos, se convirtió entonces para mí en una obsesión tener el suficiente dinero como para poder pagar a las prostitutas de la puerta verde y llegado el caso estaba convencido de que podría trabajar en cualquier cosa, en cualquier trabajo por muy duro que fuera, con tal de tener unas pocas monedas para pagar a las prostitutas de la puerta verde así gaste mucho tiempo de mi vida en el que el alcohol me ayudaba a trabajar en las obras de albañil, de peón de albañil. Y aunque nunca había hecho ese trabajo no se me daba mal, y así estuve unos meses...haciendo chapuzas para una empresa de remodelaciones arquitectónicas, no me costaba trabajo nada, yo era fuerte y muy duro y así lo sentía y vivía y dejaba vivir, pero el dinero me tenía que llegar siempre, unas pocas monedas, para hacer realidad mis fantasías sexuales con las mujeres de la puerta verde.

Sin embargo esa temporada tan erotizada en la que yo trabajaba de obrero duró sólo unos pocos meses, luego me tranquilicé y empecé a pensar que lo que estaba pasando en el mundo era que estábamos viviendo los Tiempos Finales y cómo dicen los católicos La Gran Tribulación. Así que pronto estallaría un misil nuclear en alguna parte y acabaría todo o empezaría todo, según cómo se mire. Sí, sin duda estábamos viviendo los Tiempos Finales y yo sólo me había preocupado de darle placer a la carne y no había cuidado mi alma, eso hacía que me sintiera culpable pero me duró poco y con el tiempo volví de nuevo a las andadas pero fui mucho más comedido y ya no caí en ningún tipo de excesos, la etapa de la puerta verde era para mi cómo haber pasado por un mal momento en el fondo, un mal momento en el que usar el sexo cómo escape y huída, ahora tenía que ser más consciente, los Tiempos Finales biblicos estaban apareciendo en el horizonte de nuestras vidas y había que tener más espíritu.

Mientras tanto mi alma se consolaba con el aire de la noche y con las cadencias del raso, estar a solas conmigo mismo y quizás un poco de vino Moruve y todo eso me bastaba...Las conversaciones mantenidas conmigo mismo y el encuentro epistolar con viejos amigos a través del correo electrónico y estar ya de vuelta de algún lugar que fue difícil y de nuevo el camino por recorrer por delante y no saber si proseguir con los estudios olvidados de Filosofía Pura o pedirte una ayuda a los servicios sociales para dejar de trabajar, para no trabajar más en la vida...y entonces...¿Qué hacer con el tiempo? Leer, escribir, pasear...ver la prensa, ver la televisión, ir al cine, visitar museos...¡Una vida de jubilado pero con 40 años! ¿Realmente quería eso para mi? Fue muy duro trabajar de obrero y no volvería a hacerlo pero los trabajos de desarrollador de contenidos por internet estaban muy mal pagados y necesitaba un trabajo que me diera más dinero, echar las cartas del Tarot por los bares hacía que me ahorrara las consumiciones y poder salir gratis los fines de semana pero a costa de quedar cómo un señor bastante extraño y que incluso en algunos momentos podía parecer siniestro y a los más tímoratos dar miedo...¿Era eso lo que quería para mi? ¿Recorrer todos los bares de la ciudad echando el Tarot a los clientes a base de copas? No. Más temprano que tarde tendría que buscarme un trabajo en condiciones, pero no lo había para mi...¡Si hubiera concluído mis estudios universitarios al menos! ¡Me quedan pocas asignaturas! Pero ya era tarde para lamentarse y el mercado laboral estaba muy mal y había mucha competencia...¿Y qué podía hacer? ¿Volver al teletrabajo?¿Escribir una novela realmente importante? ¿Volverme a presentar a todos los concursos de poesía posibles cómo hice en los años noventa? No. Tenía que ponerme rápidamente a buscar un trabajo en condiciones o pedirme un subsidio a los servicios sociales y era tarde ya para trabajar en serio y muy pronto todavía para pedirme el subsidio...¿Entonces sólo podía dejar que pasara el tiempo? Parecía ser que sí, sólo podía dejar que pasara el tiempo y hacer nuevas formaciones del Plan Prepara si no se había extinguido ya para trabajar de nuevo en el Plan E si seguía existiendo...¡Quizás estaba desactualizado! ¿Y qué podía hacer? Sólo esperar.
Tendría que seguir vendiendo maquinaría de hostelería.

Vale...La humanidad tiene que despertar...¿Pero yo he despertado?

Todavía pensaba en ésto cuando me encontré parado en medio de la calle sin saber qué hacer, entonces recordé otro tiempo más feliz y me refugié dentro de él, pero yo quería aprender mirando de frente al futuro. Entonces me asaltaron las imágenes de casas blancas y dentro de ellas gente feliz y divertida y afuera jardines, otra vida en la que poder estar y ser y permanecer.

Antes de los días del espíritu las casas blancas tenían su entrega de llaga helada y su perfume a mistura del óleo y el plomo, de ellas ascendía la sensación soñadora del opio y la tranquilidad de los baúles de muñecos ventrílocuos...gente feliz aquí y allá cogiendo barcos y ascensores y subidas a coches, alrededor de todo los que caminan y son pocos y lo hacen con los pies.

Entonces yo estaba allí, tenía veinte más tres años, y era un poeta.

Entonces yo perseguía el verso perfecto.

Era en mi una obsesión que me hacía feliz conseguir el poema perfecto, de corte y tipo simbolista en verso blanco y esmerado, el poema que me haría inmortal.

Con mi costra de poeta maldito y mis pantalones vaqueros oscuros y mi jersey de lana con motivos aztecas, con una gran melena pelirroja y 56 kilos de peso midiendo más de uno setenta, un ser humano alfeñique y neurótico al borde de la anorexia construía sus poemas sagrados entre los grandes humos del hachís y la maría y las copas de whiskey, el portavoz de su generación...¡Y era tan feliz con su legado cultural y su responsabilidad! ¡El gran escritor bohemio, el muchacho hipersensible...entre millares de casas blancas, mi primera juventud!

¿Qué pasó con ese artista del sur? Primero se convirtió en un intelectual que perdía pelo y que peroraba cansado y solitario. Después se convirtió en un psicótico calvo, cineasta y madrileño. Más tarde fue un Maestro Ocultista y un pésimo escritor y al final fue un cuarentón sabio y en forma, un poco resabiado y un poco nonstálgico.

Pero el poeta era la base de mi personalidad, mi mayor talento y mis mejores años, tenía que recuperar ese gran poeta que había sido, volver al estilo y a las pautas de la creación...¿Era tarde? Yo sentía que no.

Ésto no se acaba nunca.

¿Qué era lo que me hizo tan bueno de los dieciséis a los veintitrés años? Realmente era un lector voraz, leía muchísimo, casi un libro diario y sacaba tiempo de ello durmiendo poco y estudiando menos. Luego siempre tenía un momento al día para escribir e incluso cuando salía de copas con los amigos me llevaba una libreta para apuntar todos los versos que se me fueran ocurriendo. Cuando no leía, estudiaba y cuando no escribía y si salía y fumaba porros y bebía alcohol, siempre lo hacía acompañado de una libreta en la que apuntaba todo lo que se iba ocurriendo y luego lo trabajaba. Mucha actividad intelectual y sentimiento, mi vida era pura actividad intelectual y divertirme para mi era escribir poemas borracho o fumado y hacer del ocio un preámbulo que luego deribarían en dar a luz a novedosas creaciones. Eso fue lo que me salvó y lo que me llevó a éxito llegando a ser premio regional de poesía a los veintitrés años con unos poemas que había escrito a los veinte años. Sin duda mi mejor momento.

Luego me hice más vago, más vicioso, menos activo intelectualmente y aunque estudiaba más y disfrutaba más de la vida, yo era una persona menos activa intelectualmente y fue la memoria lo que se agrandó para recoger los términos nuevos que iba adquiriendo con mis estudios y lo que hacía era llenarme y no vaciarme, eso no produce grandes creaciones artísticas sino simple y llana intelectualidad, intelectualidad sin dirección. Aunque no lo parezca es posible estudiar más y al mismo tiempo ser menos intelectual pero parecer justo lo contrario a los demás, es un fenómeno cuantioso y curioso.

Creo que escribía duro y claro acerca de mis heridas cuando era más joven, después pasé por un periodo de autocensura y eso me hizo peor escritor, pienso que fue eso: tener más sensatez, ser menos inconsciente. Pienso que fue eso.

Es lo inoportuno que llega y entonces corres y es fantástico, llegar a escuchar aquello para lo que estás preparado y lo recibes del exterior, la genialidad fabricada, galáctica y blanca preparada para ti mientras sientes frío en el trastero, luego te das cuenta de lo bien que te queda la genialidad y eres una paloma al calor de tus ideas en un mundo al contrario sin una nube.

No sabes qué hacer con lo que tienes, echas el ancla a un lado y te quedas inmerso en el aparato de tu mente, estupendas ideas redondas te dan paz antes de la batalla y te parece que ya has llegado allí a donde quería llegar, pero no lo sabes, quizás sea todo una tomadura de pelo.

Luego te cuentas un cuento y se lo cuentas a los demás, hay un lodo sucio y légamo en las superficies de tu alma donde no habías estado, música suena en alguna parte y los pies se mueven.

El placer de beberse una cerveza muy de mañana, un par de horas después de desayunar. Ese sabor rotundo en el paladar cuando bebes cerveza muy de mañana. En el fondo su sabor te llega cómo un alimento, su sabor te llena y te completa. El placer de beber cerveza por la mañana. Ese sabor que me acompaña desde que me fumaba las clases en el instituto y hacía pellas. Para mi es el sabor de la libertad...Realmente vivía alimentado de cerveza, la cerveza es lúpulo y es cereal, de alguna manera es la cerveza un pan, un pan líquido. Por eso su sabor es tan natural y nutritivo...¡Y las cervezas fuertes son cómo tomarse una sopa! ¡Un par de cervezas Strong Ale de importación y ya has cenado! Al menos quiero creer que es así, no existen estudios científicos sobre el tema, me limito a contar mi percepción...¡La deliciosa cerveza de los años del instituto, su sabor siempre vuelve!

En el fondo el papel de genio me venía grande y lo digo sin remordimiento, mis sensaciones eran hermanas de otras desequilibradas pero yo no era tanto pero tampoco tonto y lo sabía perfectamente.

Llegaba la tarde con sus imágenes y yo me sentía feliz, tenía las ideas abiertas y limpias y las tenía y las contaba, retiraba todo aquello que luego volvía a hacer y a veces era duro conmigo mismo, para mi mismo y para los de casa. La secuencia completa de mi vida en una selección soy yo y sólo yo y estoy lleno de mi mismo y de susbceptibilidades y sé que lo he pasado mal en alguna versión de mi mismo y entiendo que haya podido tener un problema por no haber sido capaz de hacer uso de la razón.

Quizás hubiera sido un mal conversador si no me hubiera sobrado entendimiento, he sido un profesional de algo y nunca un friki pero el tiempo me envejeció cuando tenía objetivos y ganas de más con los sentidos siempre alerta y llevándome bien con todo el mundo.

Enterarme de la vida y de las cosas que tenía guardadas y quería contar, con las cartas sobre la mesa y dependiendo de cómo soy yo, con todos al final me llevo bien o me puedo llevar bien y nunca he sido un genio huraño pero a muchos les he dado muchísima pena y no sé bien por qué, algo deber de ver con esa parte de mi que o no conozco o no quiero ver o no entiendo, la parte en la sombra.

La sombra ataca a veces y me hace suyo y meter la pata, situaciones que me han dolido mucho se han dado por no querer mirar a la cara a la realidad y todo lo que al final ha sido fatalidad y salida de tono tampoco ha sido de mal gusto, aunque había veces que me querían advertir de algo y después también, después de haber vivido lo que ya no tenía remedio y saber de eso y decirlo, los amigos no fallaban entonces y te daban alas.

Nunca me llevé por delante a quién fuera.

Recuerdo aquel día en un pueblo del sur de España en verano, sentado en una acera bebiendo kalimotxo con mi amigo David, no dejaban de pasar chicas y chicas y todas ellas muy guapas y nosotros sentados veíamos pasar a cientos y cientos de chicas guapas cómo en un desfile y éramos felices así y yo me fijaba en sus rotundidades y en sus espaldas morenas y podía sentir hasta su olor.

Luego recuerdo estar en el mismo pueblo del sur de España con una chica mayor que yo pero muy guapa jugando al billar en un bar donde la gente fumaba porros, me tomé varias cañas y luego ella me llevó en su moto hasta el lugar donde vivíamos pues éramos vecinos y al pasar por la depuradora nos invadió un olor a algas putrefactas, disfruté de una agradable compañía femenina durante toda una tarde, yo era muy joven y aquello fue casi cómo tener novia...¿Qué habrá sido de aquella mujer? ¿Por qué se prestó a ser mi compañera por unas horas? ¿Por qué estuvimos juntos? Nunca lo sabré. Sólo sé que ella me vió sobre la hierba, sobre el césped de al lado de unos pisos y me dijo "Vente conmigo al poblado" y nos fuimos juntos los dos, en su moto. Y fue una tarde muy original, de bares, billares, porros y cañas...¿Necesitaba ella a alguien para sentirse segura para ir a pillar costo? Quizás fuera eso...¡Pero ya han pasado tantos años! ¡Ya estoy retirado de todo aquello, qué le voy a hacer!

Recordaba aquella chica de la moto una vez perdido entre casas en construcción cuando la burbuja inmobiliaria, yo me había comprado un par de cervezas y descubrí un barrio de casas molineras en los suburbios de Pucela junto a las casas que recién se construían, paseando por ahí un gato salió a recibirme saltando desde una ventana y yo me quedé hablando con él, mientras tanto recordaba a la chica de la moto del sur de España y también pensaba o imaginaba lo que hubiera podido suceder con su vida y de alguna manera los recuerdos llegaban frescos y también había buen tiempo en aquel lugar y a aquella hora y tardé un poco antes de irme a casa a comer y pensé que me estaba haciendo viejo pero era yo bastante joven por aquel entonces aunque sentía de alguna manera más acuciante el peso de la vida, qui´zas porque tenía mayor memoria o era más sentimental.

Todo eso ocurría en una España de vacas gordas, cuando la burbuja inmobiliaria...después todo eso acabó y en el año 2012 ya no había tiempo para soñar bonitos recuerdos, había que ponerse a trabajar e intentar salir de la crisis. En el año 2012 había 14 millones de pobres en España y un paro de más del 27 por ciento. Yo había perdido mi trabajo en las inmobiliarias que me había dado tanto dinero y ahora trabajaba de desarrollador de contenidos web para una empresa de informática, vivía solo y me creía capaz de poder cambiar el mundo.